lunes, 7 de marzo de 2011
Es lo justo
La nuestra es una relación que ha dejado atrás amores mediocres, amores a distancia, amores inciertos, amores infieles. Entre las dos hemos dejado atrás eso y más porquería. Estamos cansadas de amores hipócritas, el tiempo nos pidió no dejar pasar las estaciones. Y por eso el mismo tiempo nos ayudó a encontrarnos, sanas y salvas. Con todo el deseo de amar y ser amadas.
La fuerza del destino
¡No lo podía creer! Mientras observaba desde afuera el vestido que traía la maniquí del aparador, mis pies se afianzaron al piso como anclas frente a ese vidrio pues sin querer vi en el interior de la tienda un rostro que se me hacia conocido, era muy parecida a Lena mi primer amor, claro que ella jamás se entero de esto, pero si fuimos muy buenas amigas durante todo el colegio. El corazón se me aceleró en cuestión de un instante, mis ojos empezaron a parpadear temiendo que fuera una alucinación o solamente alguien que se le parecía, pero no fue así esa manera de moverse y de quedarse fijamente viendo a los objetos como si esperara que éstos le hablaran, aún permanecía en ella. Era una de esas manías raras que ella tenía al salir de compras y solo yo en aquel entonces me percataba de eso por el grado de curiosidad que eso ejercía en mí hacia ella.
En ese momento se me vinieron a la mente como cascada tantos detalles que me habían enamorado de ella, recuerdo que súbitamente todo esto se esfumó cuando terminamos el colegio y ella recibió una propuesta de trabajo en otra ciudad; poco a poco le fui perdiendo el rastro y no supe más de ella. Lo único que me quedo fue el haberme arrepentido de ser tan tímida y me prometí a mi misma dejar de serlo y aprovechar las oportunidades una vez que estas se me presenten.
Por consecuente me dirigí al interior de la tienda para saludarla. Llegue por detrás de ella, le hice un toque en el hombre y volteo. Cuál fue su cara de sorpresa, sus ojos siempre me expresaban tanto y en este caso, inconfundible note su alegría.
Nos pusimos al tanto de nuestras vidas profesionales, ella viajaba constantemente y yo le había compartido mis logros como comerciante. Acordamos vernos al día siguiente para aprovechar su estancia en la ciudad.
Esta vez salimos de noche, fuimos a un bar que se encuentra justo a la afueras de la ciudad. Lo curioso de esa noche fue que a ella se le acercaban algunos hombres para invitarle un trago o con intensiones de iniciar una plática. Yo solo observaba las escenas y veía como ella sin el menor interés les cortaba la inspiración y hacia que se marcharan. Las copitas ya se no estaban subiendo. Yo que ya no era la misma chica tímida de hace diez años, la anime a levantarse de su silla y la conduje al centro del lugar para bailar, ella se tambaleaba un poco y se apoyaba en mi. Note que no estaba ella acostumbrada a usar zapatos de tacón tan altos y menos mezclados con el alcohol. Casi se me cae de bruces y decidí que era suficiente, yo empezaba a sentirme algo cansada, así que decidimos irnos de allí.
Tomamos un taxi y para mi asombro tenía sintonizada una estación retro con música de los 80´s, íbamos cantando todo lo que nos sabíamos. De repente Ana Torroja con su hermosa voz apareció con la fuerza del destino. Ella dejo de cantar, la note algo pensativa y distante, su sonrisa se borro de su rostro, no sé si era mi imaginación o fue cierto que vi un ligero toque de melancolía en su cara.
El taxi nos dejó a las afueras de su hotel, al momento que yo me iba a despedir de ella, me tomó de la mano y me saco del vehículo, despacho ella al taxista y me invito a seguir platicando en su cuarto. El deseo que había yo sentido por ella hacía años atrás, se volvió a encender como una antorcha más viva. Estando en su cuarto me convencí a mi misma que yo ya no era la misma de antes, recordé como perdí la timidez al momento en que la dejé partir tiempo atrás sin decirle nada. Esa vez morí sin que nadie se diera cuenta. Pero ahora aquí estaba yo de nuevo con ella resucitada. Me quedaba la duda de su repentina melancolía en el taxi y no espere más para preguntarle el motivo de su actitud con esa canción. Sin contestarme una palabra, ella se lanzó hacia mí. Empezó a besarme frenéticamente con desesperación como si mis labios fueran de hielo y al contacto con su piel se fueran a derretir antes de ella convencerse que yo estaba allí. No cabía yo de asombro que deje abierto de par en par mis ojos, cuando me di cuenta de lo que estaba pasando cerré los ojos también y me puse a sentir.
El beso se hacía largo y cada vez iba perdiendo fuerza como si se estuviera saciando poco a poco de mí, pero yo sabía que mis labios eran solo una parte de mi cuerpo que la deseaba, el resto de mi cuerpo aún permanecía ansioso de ella. La tomé decididamente como quien se sabe sólo en el universo. La desnude sin prestar mucha atención a su cuerpo, la abrace con lo que pude con brazos y piernas con mis dudas y mis ganas de pertenecerle. Empecé a caer en un estado de hipnosis, esta vez me perdí a mí misma, perdí todo el control de mí, mi cuerpo solo reaccionaba con el fin de complacerla. A cada caricia ella me daba una respuesta, su cuerpo se ruborizaba, se estremecía, se quedaba quieta para dejarse explorar, para dejarme el camino abierto a su sexo. Sus gemidos me despertaron de esas hipnosis que me tenía como esclava, me di cuenta que era yo quien la hacía gemir y retorcerse de placer hasta que la escuche terminar. Se quedo quieta abrazada a mí y respirando mis cabellos. Yo feliz. En ese momento entendí la fuerza del destino.
En ese momento se me vinieron a la mente como cascada tantos detalles que me habían enamorado de ella, recuerdo que súbitamente todo esto se esfumó cuando terminamos el colegio y ella recibió una propuesta de trabajo en otra ciudad; poco a poco le fui perdiendo el rastro y no supe más de ella. Lo único que me quedo fue el haberme arrepentido de ser tan tímida y me prometí a mi misma dejar de serlo y aprovechar las oportunidades una vez que estas se me presenten.
Por consecuente me dirigí al interior de la tienda para saludarla. Llegue por detrás de ella, le hice un toque en el hombre y volteo. Cuál fue su cara de sorpresa, sus ojos siempre me expresaban tanto y en este caso, inconfundible note su alegría.
Nos pusimos al tanto de nuestras vidas profesionales, ella viajaba constantemente y yo le había compartido mis logros como comerciante. Acordamos vernos al día siguiente para aprovechar su estancia en la ciudad.
Esta vez salimos de noche, fuimos a un bar que se encuentra justo a la afueras de la ciudad. Lo curioso de esa noche fue que a ella se le acercaban algunos hombres para invitarle un trago o con intensiones de iniciar una plática. Yo solo observaba las escenas y veía como ella sin el menor interés les cortaba la inspiración y hacia que se marcharan. Las copitas ya se no estaban subiendo. Yo que ya no era la misma chica tímida de hace diez años, la anime a levantarse de su silla y la conduje al centro del lugar para bailar, ella se tambaleaba un poco y se apoyaba en mi. Note que no estaba ella acostumbrada a usar zapatos de tacón tan altos y menos mezclados con el alcohol. Casi se me cae de bruces y decidí que era suficiente, yo empezaba a sentirme algo cansada, así que decidimos irnos de allí.
Tomamos un taxi y para mi asombro tenía sintonizada una estación retro con música de los 80´s, íbamos cantando todo lo que nos sabíamos. De repente Ana Torroja con su hermosa voz apareció con la fuerza del destino. Ella dejo de cantar, la note algo pensativa y distante, su sonrisa se borro de su rostro, no sé si era mi imaginación o fue cierto que vi un ligero toque de melancolía en su cara.
El taxi nos dejó a las afueras de su hotel, al momento que yo me iba a despedir de ella, me tomó de la mano y me saco del vehículo, despacho ella al taxista y me invito a seguir platicando en su cuarto. El deseo que había yo sentido por ella hacía años atrás, se volvió a encender como una antorcha más viva. Estando en su cuarto me convencí a mi misma que yo ya no era la misma de antes, recordé como perdí la timidez al momento en que la dejé partir tiempo atrás sin decirle nada. Esa vez morí sin que nadie se diera cuenta. Pero ahora aquí estaba yo de nuevo con ella resucitada. Me quedaba la duda de su repentina melancolía en el taxi y no espere más para preguntarle el motivo de su actitud con esa canción. Sin contestarme una palabra, ella se lanzó hacia mí. Empezó a besarme frenéticamente con desesperación como si mis labios fueran de hielo y al contacto con su piel se fueran a derretir antes de ella convencerse que yo estaba allí. No cabía yo de asombro que deje abierto de par en par mis ojos, cuando me di cuenta de lo que estaba pasando cerré los ojos también y me puse a sentir.
El beso se hacía largo y cada vez iba perdiendo fuerza como si se estuviera saciando poco a poco de mí, pero yo sabía que mis labios eran solo una parte de mi cuerpo que la deseaba, el resto de mi cuerpo aún permanecía ansioso de ella. La tomé decididamente como quien se sabe sólo en el universo. La desnude sin prestar mucha atención a su cuerpo, la abrace con lo que pude con brazos y piernas con mis dudas y mis ganas de pertenecerle. Empecé a caer en un estado de hipnosis, esta vez me perdí a mí misma, perdí todo el control de mí, mi cuerpo solo reaccionaba con el fin de complacerla. A cada caricia ella me daba una respuesta, su cuerpo se ruborizaba, se estremecía, se quedaba quieta para dejarse explorar, para dejarme el camino abierto a su sexo. Sus gemidos me despertaron de esas hipnosis que me tenía como esclava, me di cuenta que era yo quien la hacía gemir y retorcerse de placer hasta que la escuche terminar. Se quedo quieta abrazada a mí y respirando mis cabellos. Yo feliz. En ese momento entendí la fuerza del destino.
Fiesta
Hace mucho que no había ido a una fiesta, sin embargo la había sobrellevado bien, se había divertido y platicado con casi todos los que estaban allí. Hacía tiempo que tampoco reía tanto, no había soltado su vaso con whiskey desde que se lo ofrecieron, esa sensación de tener algo en la mano le brindaba compañía. Los anfitriones eran esplendidos siempre le presentaban a alguien una vez que se quedaba sola. Se respiraba un ambiente cordial.
A cómo iba pasando la noche se empezó a ver un poco menos de gente, algunos se iban para continuar la noche en un lugar más privado, otros solo se marchaban antes de caer más en los efectos del alcohol. Pero ella quería que la noche se extendiera, de no ser por el cansancio que se había apoderado ligeramente de sus piernas, estaría aún de pie. Se sentó un momento para descansar y se dio cuenta que el salón estaba llenándose de humo de cigarro, respiro profundo y súbitamente desapareció esa sensación de felicidad que la había hecho olvidar por unas horas la soledad que la aguardaba fuera de allí.
Empezó a observar alrededor, esta vez no veía a los anfitriones por ningún lugar, esta vez no le presentaban a alguien, ya nadie se acercaba. El whiskey todavía no la mareaba del todo. Se percató que en una esquina estaba unos sillones con varios hombres bien vestidos que reían sin parar. En el centro del salón había parejas bailando, en la otra esquina había una mujer y dos hombres conversando y fumando, no parecían muy divertidos, pensó que quizá alguno de ellos se empezó a agobiar al igual que ella.
Convencida de que la fiesta ya no le podía ofrecer mucho, se quiso apartar de todo, se fue en dirección al patio, esa parte de la casa no estaba bien iluminada pero le atrajo la paz que siempre le ofrecían las plantas, quería distinguir de cerca aquellas flores que se asomaban de unas masetas de barro, sin importarle dejo el sendero y empezó a caminar por el césped, los zapatos de tacón rojo que había comprado una semana antes, se hundían y le hacían difícil el trayecto. Llegando pudo verlas; eran unos hermosos jazmines, su olor le traían a la mente el aire de otras primaveras, se quedo un rato allí quieta escuchando los ruidos de la madrugada y como si la fiesta la llamara se incorporo lentamente y dio un último vistazo. Vio al final del patio una habitación que estaba apartada del resto de la casa, pensó que podría ser para los huéspedes. La curiosidad la llevó allá, porque sus zapatos la hubieran regresado a la fiesta, pero lo primero fue más fuerte que lo segundo.
La puerta estaba entreabierta, entro sigilosa, noto de inmediato que ese cuarto estaba inhabitable ya que las ventanas no tenían cortinas, no había una cama en el, tan sólo un sofá y una mesita, dejó el vaso de whiskey en la mesita, era la primera vez que lo soltaba desde que había llegado a la fiesta, abrió otra puerta y supuso que era el baño, estaba en lo correcto era un baño completo, no había nada más que hacer, se sentó un rato en el sofá y comenzó a sentirse incomoda, el humo del cigarro se le había impregnado por todo el cuerpo, el polvo de ese cuarto la había ensuciado, sus zapatos nuevos que aún no terminaba de pagar ya no brillaban, empezó a odiarse por eso y por el vacío que sentía siempre al final de una noche de fiesta; esta vez no fue la excepción. Se puso de pie y comenzó a quitarse los zapatos, luego el vestido que cayó arrugado en el sofá. Se dirigió rápido al baño y abrió la regadera, sentía como las gotas de agua caían sobre sus hombros, en un instante ya estaba empapada y otra vez vino la sensación de paz que últimamente se esfumaba más rápido de ella, luego ésta desaparecía colapsándola en pura tristeza. No tenía claro como prolongar esa sensación, recargo su cabeza a la pared y escuchaba el agua correr. Una mano que venía de atrás, la tomó por la cintura, no le importo de quién fuera, cerró la llave de sus lágrimas, se dio la media vuelta y se dejó llevar por ella.
A cómo iba pasando la noche se empezó a ver un poco menos de gente, algunos se iban para continuar la noche en un lugar más privado, otros solo se marchaban antes de caer más en los efectos del alcohol. Pero ella quería que la noche se extendiera, de no ser por el cansancio que se había apoderado ligeramente de sus piernas, estaría aún de pie. Se sentó un momento para descansar y se dio cuenta que el salón estaba llenándose de humo de cigarro, respiro profundo y súbitamente desapareció esa sensación de felicidad que la había hecho olvidar por unas horas la soledad que la aguardaba fuera de allí.
Empezó a observar alrededor, esta vez no veía a los anfitriones por ningún lugar, esta vez no le presentaban a alguien, ya nadie se acercaba. El whiskey todavía no la mareaba del todo. Se percató que en una esquina estaba unos sillones con varios hombres bien vestidos que reían sin parar. En el centro del salón había parejas bailando, en la otra esquina había una mujer y dos hombres conversando y fumando, no parecían muy divertidos, pensó que quizá alguno de ellos se empezó a agobiar al igual que ella.
Convencida de que la fiesta ya no le podía ofrecer mucho, se quiso apartar de todo, se fue en dirección al patio, esa parte de la casa no estaba bien iluminada pero le atrajo la paz que siempre le ofrecían las plantas, quería distinguir de cerca aquellas flores que se asomaban de unas masetas de barro, sin importarle dejo el sendero y empezó a caminar por el césped, los zapatos de tacón rojo que había comprado una semana antes, se hundían y le hacían difícil el trayecto. Llegando pudo verlas; eran unos hermosos jazmines, su olor le traían a la mente el aire de otras primaveras, se quedo un rato allí quieta escuchando los ruidos de la madrugada y como si la fiesta la llamara se incorporo lentamente y dio un último vistazo. Vio al final del patio una habitación que estaba apartada del resto de la casa, pensó que podría ser para los huéspedes. La curiosidad la llevó allá, porque sus zapatos la hubieran regresado a la fiesta, pero lo primero fue más fuerte que lo segundo.
La puerta estaba entreabierta, entro sigilosa, noto de inmediato que ese cuarto estaba inhabitable ya que las ventanas no tenían cortinas, no había una cama en el, tan sólo un sofá y una mesita, dejó el vaso de whiskey en la mesita, era la primera vez que lo soltaba desde que había llegado a la fiesta, abrió otra puerta y supuso que era el baño, estaba en lo correcto era un baño completo, no había nada más que hacer, se sentó un rato en el sofá y comenzó a sentirse incomoda, el humo del cigarro se le había impregnado por todo el cuerpo, el polvo de ese cuarto la había ensuciado, sus zapatos nuevos que aún no terminaba de pagar ya no brillaban, empezó a odiarse por eso y por el vacío que sentía siempre al final de una noche de fiesta; esta vez no fue la excepción. Se puso de pie y comenzó a quitarse los zapatos, luego el vestido que cayó arrugado en el sofá. Se dirigió rápido al baño y abrió la regadera, sentía como las gotas de agua caían sobre sus hombros, en un instante ya estaba empapada y otra vez vino la sensación de paz que últimamente se esfumaba más rápido de ella, luego ésta desaparecía colapsándola en pura tristeza. No tenía claro como prolongar esa sensación, recargo su cabeza a la pared y escuchaba el agua correr. Una mano que venía de atrás, la tomó por la cintura, no le importo de quién fuera, cerró la llave de sus lágrimas, se dio la media vuelta y se dejó llevar por ella.
Días caídos
Es algo enfermizo, no dejaba de pensar en ella. Antes de conocerla pensaba que las mariposas en el estomago eran puro cuento, sin embargo aquel día que se me acerco y empezó a tocarme, sentí algo insólito. No sé si eran las mariposas que por fin salían a volar dentro de mi estomago o si era una chispa en mis entrañas, como saberlo si nunca lo había sentido. Ese día lluvioso estando yo allí con ella además de provocarme sensaciones, descubrí un mundo que estaba afuera de mí y que podría brindarme un sinfín de emociones a mi alcance con tan sólo haberla encontrado.
Es por eso que no dejaba de pensarle, confundí todas esas sensaciones con amor, nunca pensé en obsesión. Esos años no recuerdo haber vivido algo interesante, esos años solo existían para pensarle y recordarle. Hacia girar mi mente una y otra vez como reguilete. Eran escenas que aún pasado el tiempo podía evocar con facilidad incluso los detalles más mínimos e insignificantes. En ese entonces mi mente era como un álbum fotográfico dedicado a ella; donde mis ojos eran la cámara.
Ella podía hacer conmigo lo que quisiera, podía hacerme o deshacerme según su antojo. Su rostro jovial y de facciones delicadas eran para mí el significado del amor. Sus caricias furtivas eran una larga espera que yo estaba dispuesta a conseguir pacientemente, pues tenía mi mente para evocarlas una y otra vez con tal de no ser víctima de la desesperación.
Lo que ella jamás supo es que yo, también hice con ella lo que quise, la usaba para complacer mis fantasías y si me da la gana la puedo seguir usando aunque estemos a mucho tiempo de eso y a mucha distancia.
Recuerdo lo que lograba ella dentro de mí pero también recuerdo lo que yo demostraba a los demás. Mis amigos me veían por primera vez tan frágil e irreconocible, cada vez que ella me rechazaba o me percataba de que estaba jugando conmigo, no me podía controlar lloraba en frente de todos. Lloraba como quien llora en un funeral. Estuve muy cerca de hacer locuras, algunas las hice temblando, pero las hice. Otras las reprimí sintiéndome la peor de las vencidas.
Llego un tiempo que empecé a sentirme enferma; no fisiológicamente, pero sí mentalmente. Si dejaba seguir esto podría yo literalmente morir de “amor”. No sé qué fue lo que poco a poco me hizo reaccionar, incluso empezaba a sentir cierto bienestar al sufrir por ella. Quizá fue por instinto, porque de mi parte no había voluntad alguna para olvidarla.
Con el paso de los meses ella me ayudo un poco, empezó a enamorarse de otras personas, una y luego otro. Note como el tiempo trascurría y yo seguía sola. Despertaba con la idea de que ella estaba acompañada, sin falta de cariño y con un buen abrazo para el alma. Yo en cambio podía terminar en cualquier lugar tratando de encontrármela, pero no fue así. Llegaba a mi casa sintiéndome vacía. Sin darme cuenta mi corazón se fue helando, de tal modo que yo fui la última en notarlo pero la gente de mi alrededor por intuición lo percibía. Nadie se me acercaba. Navegue un tiempo sin rumbo fijo como un iceberg.
Aunque ya ha pasado tiempo de eso no me arrepentí por haberme dejado llevar de una manera ilógica hacia ella, jamás me arrepentí de no haber distinguido a tiempo la diferencia entre amor y obsesión, nunca me arrepentí de haberle dedicado de una forma inmensurable mis pensamientos.
Todo ahora tiene sentido, ahora puedo distinguir la diferencia entre el amor y la obsesión, esto gracias a ella. A veces viendo atrás me veo provista de una inocencia y cuando volteo de nuevo al presente se ha fugado ésta como por arte de magia y me ha dejado experiencia. Ya sea buena o mala pero es parte de lo que soy y ella formó parte de eso.
Es por eso que no dejaba de pensarle, confundí todas esas sensaciones con amor, nunca pensé en obsesión. Esos años no recuerdo haber vivido algo interesante, esos años solo existían para pensarle y recordarle. Hacia girar mi mente una y otra vez como reguilete. Eran escenas que aún pasado el tiempo podía evocar con facilidad incluso los detalles más mínimos e insignificantes. En ese entonces mi mente era como un álbum fotográfico dedicado a ella; donde mis ojos eran la cámara.
Ella podía hacer conmigo lo que quisiera, podía hacerme o deshacerme según su antojo. Su rostro jovial y de facciones delicadas eran para mí el significado del amor. Sus caricias furtivas eran una larga espera que yo estaba dispuesta a conseguir pacientemente, pues tenía mi mente para evocarlas una y otra vez con tal de no ser víctima de la desesperación.
Lo que ella jamás supo es que yo, también hice con ella lo que quise, la usaba para complacer mis fantasías y si me da la gana la puedo seguir usando aunque estemos a mucho tiempo de eso y a mucha distancia.
Recuerdo lo que lograba ella dentro de mí pero también recuerdo lo que yo demostraba a los demás. Mis amigos me veían por primera vez tan frágil e irreconocible, cada vez que ella me rechazaba o me percataba de que estaba jugando conmigo, no me podía controlar lloraba en frente de todos. Lloraba como quien llora en un funeral. Estuve muy cerca de hacer locuras, algunas las hice temblando, pero las hice. Otras las reprimí sintiéndome la peor de las vencidas.
Llego un tiempo que empecé a sentirme enferma; no fisiológicamente, pero sí mentalmente. Si dejaba seguir esto podría yo literalmente morir de “amor”. No sé qué fue lo que poco a poco me hizo reaccionar, incluso empezaba a sentir cierto bienestar al sufrir por ella. Quizá fue por instinto, porque de mi parte no había voluntad alguna para olvidarla.
Con el paso de los meses ella me ayudo un poco, empezó a enamorarse de otras personas, una y luego otro. Note como el tiempo trascurría y yo seguía sola. Despertaba con la idea de que ella estaba acompañada, sin falta de cariño y con un buen abrazo para el alma. Yo en cambio podía terminar en cualquier lugar tratando de encontrármela, pero no fue así. Llegaba a mi casa sintiéndome vacía. Sin darme cuenta mi corazón se fue helando, de tal modo que yo fui la última en notarlo pero la gente de mi alrededor por intuición lo percibía. Nadie se me acercaba. Navegue un tiempo sin rumbo fijo como un iceberg.
Aunque ya ha pasado tiempo de eso no me arrepentí por haberme dejado llevar de una manera ilógica hacia ella, jamás me arrepentí de no haber distinguido a tiempo la diferencia entre amor y obsesión, nunca me arrepentí de haberle dedicado de una forma inmensurable mis pensamientos.
Todo ahora tiene sentido, ahora puedo distinguir la diferencia entre el amor y la obsesión, esto gracias a ella. A veces viendo atrás me veo provista de una inocencia y cuando volteo de nuevo al presente se ha fugado ésta como por arte de magia y me ha dejado experiencia. Ya sea buena o mala pero es parte de lo que soy y ella formó parte de eso.
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