Es algo enfermizo, no dejaba de pensar en ella. Antes de conocerla pensaba que las mariposas en el estomago eran puro cuento, sin embargo aquel día que se me acerco y empezó a tocarme, sentí algo insólito. No sé si eran las mariposas que por fin salían a volar dentro de mi estomago o si era una chispa en mis entrañas, como saberlo si nunca lo había sentido. Ese día lluvioso estando yo allí con ella además de provocarme sensaciones, descubrí un mundo que estaba afuera de mí y que podría brindarme un sinfín de emociones a mi alcance con tan sólo haberla encontrado.
Es por eso que no dejaba de pensarle, confundí todas esas sensaciones con amor, nunca pensé en obsesión. Esos años no recuerdo haber vivido algo interesante, esos años solo existían para pensarle y recordarle. Hacia girar mi mente una y otra vez como reguilete. Eran escenas que aún pasado el tiempo podía evocar con facilidad incluso los detalles más mínimos e insignificantes. En ese entonces mi mente era como un álbum fotográfico dedicado a ella; donde mis ojos eran la cámara.
Ella podía hacer conmigo lo que quisiera, podía hacerme o deshacerme según su antojo. Su rostro jovial y de facciones delicadas eran para mí el significado del amor. Sus caricias furtivas eran una larga espera que yo estaba dispuesta a conseguir pacientemente, pues tenía mi mente para evocarlas una y otra vez con tal de no ser víctima de la desesperación.
Lo que ella jamás supo es que yo, también hice con ella lo que quise, la usaba para complacer mis fantasías y si me da la gana la puedo seguir usando aunque estemos a mucho tiempo de eso y a mucha distancia.
Recuerdo lo que lograba ella dentro de mí pero también recuerdo lo que yo demostraba a los demás. Mis amigos me veían por primera vez tan frágil e irreconocible, cada vez que ella me rechazaba o me percataba de que estaba jugando conmigo, no me podía controlar lloraba en frente de todos. Lloraba como quien llora en un funeral. Estuve muy cerca de hacer locuras, algunas las hice temblando, pero las hice. Otras las reprimí sintiéndome la peor de las vencidas.
Llego un tiempo que empecé a sentirme enferma; no fisiológicamente, pero sí mentalmente. Si dejaba seguir esto podría yo literalmente morir de “amor”. No sé qué fue lo que poco a poco me hizo reaccionar, incluso empezaba a sentir cierto bienestar al sufrir por ella. Quizá fue por instinto, porque de mi parte no había voluntad alguna para olvidarla.
Con el paso de los meses ella me ayudo un poco, empezó a enamorarse de otras personas, una y luego otro. Note como el tiempo trascurría y yo seguía sola. Despertaba con la idea de que ella estaba acompañada, sin falta de cariño y con un buen abrazo para el alma. Yo en cambio podía terminar en cualquier lugar tratando de encontrármela, pero no fue así. Llegaba a mi casa sintiéndome vacía. Sin darme cuenta mi corazón se fue helando, de tal modo que yo fui la última en notarlo pero la gente de mi alrededor por intuición lo percibía. Nadie se me acercaba. Navegue un tiempo sin rumbo fijo como un iceberg.
Aunque ya ha pasado tiempo de eso no me arrepentí por haberme dejado llevar de una manera ilógica hacia ella, jamás me arrepentí de no haber distinguido a tiempo la diferencia entre amor y obsesión, nunca me arrepentí de haberle dedicado de una forma inmensurable mis pensamientos.
Todo ahora tiene sentido, ahora puedo distinguir la diferencia entre el amor y la obsesión, esto gracias a ella. A veces viendo atrás me veo provista de una inocencia y cuando volteo de nuevo al presente se ha fugado ésta como por arte de magia y me ha dejado experiencia. Ya sea buena o mala pero es parte de lo que soy y ella formó parte de eso.
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