¡No lo podía creer! Mientras observaba desde afuera el vestido que traía la maniquí del aparador, mis pies se afianzaron al piso como anclas frente a ese vidrio pues sin querer vi en el interior de la tienda un rostro que se me hacia conocido, era muy parecida a Lena mi primer amor, claro que ella jamás se entero de esto, pero si fuimos muy buenas amigas durante todo el colegio. El corazón se me aceleró en cuestión de un instante, mis ojos empezaron a parpadear temiendo que fuera una alucinación o solamente alguien que se le parecía, pero no fue así esa manera de moverse y de quedarse fijamente viendo a los objetos como si esperara que éstos le hablaran, aún permanecía en ella. Era una de esas manías raras que ella tenía al salir de compras y solo yo en aquel entonces me percataba de eso por el grado de curiosidad que eso ejercía en mí hacia ella.
En ese momento se me vinieron a la mente como cascada tantos detalles que me habían enamorado de ella, recuerdo que súbitamente todo esto se esfumó cuando terminamos el colegio y ella recibió una propuesta de trabajo en otra ciudad; poco a poco le fui perdiendo el rastro y no supe más de ella. Lo único que me quedo fue el haberme arrepentido de ser tan tímida y me prometí a mi misma dejar de serlo y aprovechar las oportunidades una vez que estas se me presenten.
Por consecuente me dirigí al interior de la tienda para saludarla. Llegue por detrás de ella, le hice un toque en el hombre y volteo. Cuál fue su cara de sorpresa, sus ojos siempre me expresaban tanto y en este caso, inconfundible note su alegría.
Nos pusimos al tanto de nuestras vidas profesionales, ella viajaba constantemente y yo le había compartido mis logros como comerciante. Acordamos vernos al día siguiente para aprovechar su estancia en la ciudad.
Esta vez salimos de noche, fuimos a un bar que se encuentra justo a la afueras de la ciudad. Lo curioso de esa noche fue que a ella se le acercaban algunos hombres para invitarle un trago o con intensiones de iniciar una plática. Yo solo observaba las escenas y veía como ella sin el menor interés les cortaba la inspiración y hacia que se marcharan. Las copitas ya se no estaban subiendo. Yo que ya no era la misma chica tímida de hace diez años, la anime a levantarse de su silla y la conduje al centro del lugar para bailar, ella se tambaleaba un poco y se apoyaba en mi. Note que no estaba ella acostumbrada a usar zapatos de tacón tan altos y menos mezclados con el alcohol. Casi se me cae de bruces y decidí que era suficiente, yo empezaba a sentirme algo cansada, así que decidimos irnos de allí.
Tomamos un taxi y para mi asombro tenía sintonizada una estación retro con música de los 80´s, íbamos cantando todo lo que nos sabíamos. De repente Ana Torroja con su hermosa voz apareció con la fuerza del destino. Ella dejo de cantar, la note algo pensativa y distante, su sonrisa se borro de su rostro, no sé si era mi imaginación o fue cierto que vi un ligero toque de melancolía en su cara.
El taxi nos dejó a las afueras de su hotel, al momento que yo me iba a despedir de ella, me tomó de la mano y me saco del vehículo, despacho ella al taxista y me invito a seguir platicando en su cuarto. El deseo que había yo sentido por ella hacía años atrás, se volvió a encender como una antorcha más viva. Estando en su cuarto me convencí a mi misma que yo ya no era la misma de antes, recordé como perdí la timidez al momento en que la dejé partir tiempo atrás sin decirle nada. Esa vez morí sin que nadie se diera cuenta. Pero ahora aquí estaba yo de nuevo con ella resucitada. Me quedaba la duda de su repentina melancolía en el taxi y no espere más para preguntarle el motivo de su actitud con esa canción. Sin contestarme una palabra, ella se lanzó hacia mí. Empezó a besarme frenéticamente con desesperación como si mis labios fueran de hielo y al contacto con su piel se fueran a derretir antes de ella convencerse que yo estaba allí. No cabía yo de asombro que deje abierto de par en par mis ojos, cuando me di cuenta de lo que estaba pasando cerré los ojos también y me puse a sentir.
El beso se hacía largo y cada vez iba perdiendo fuerza como si se estuviera saciando poco a poco de mí, pero yo sabía que mis labios eran solo una parte de mi cuerpo que la deseaba, el resto de mi cuerpo aún permanecía ansioso de ella. La tomé decididamente como quien se sabe sólo en el universo. La desnude sin prestar mucha atención a su cuerpo, la abrace con lo que pude con brazos y piernas con mis dudas y mis ganas de pertenecerle. Empecé a caer en un estado de hipnosis, esta vez me perdí a mí misma, perdí todo el control de mí, mi cuerpo solo reaccionaba con el fin de complacerla. A cada caricia ella me daba una respuesta, su cuerpo se ruborizaba, se estremecía, se quedaba quieta para dejarse explorar, para dejarme el camino abierto a su sexo. Sus gemidos me despertaron de esas hipnosis que me tenía como esclava, me di cuenta que era yo quien la hacía gemir y retorcerse de placer hasta que la escuche terminar. Se quedo quieta abrazada a mí y respirando mis cabellos. Yo feliz. En ese momento entendí la fuerza del destino.
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